El proyecto, que comprende la ampliación de un centro comercial y la creación de un poni club, basa su diseño en la trama ortogonal y los fuertes ejes urbanísticos que estructuran el Carré, dando lugar a espacios verdes y edificios de volumetría simple.
El concepto general de organización retoma la idea de tiendas que dan a la calle creando un espacio de paseo directamente accesible desde los ejes principales y los estacionamientos. Proyectados desde una perspectiva ecológica, los edificios utilizan medios de control energético y solar con materiales reciclables como la madera en las fachadas.
El tratamiento del paisaje, que incluye alineamientos de árboles, alfombras y macizos de flores y, especialmente, plantas aromáticas, de condimento y medicinales, da al conjunto una identidad propia. Gran parte de la superficie verde se ha reservado para crear zonas de protección y refugio de la biodiversidad de la región.